Salgo a la calle, el frío azota mi cara, y me hace caminar con dificultad por la fuerza del viento gélido que intenta impedir que llegue al lugar donde me desplazo, pero al sitio donde voy hoy, no hay ninguna excusa ni impedimento que lo consiga.
Cuanto estoy llegando ya veo a un grupo de niños abrigaditos con sus bufandas y sus gorritos, que todos miran embelesados las tiendecitas con todos los adornos de Navidad, ver esos semblantes y esos ojitos de ilusión disfrutando de las figuritas de los pesebres, de todos los adornos, hace que el espíritu de Navidad vuelva a nosotros, y por un momento nos hace recordar en aquellos momentos que también nosotros fuimos niños y con esa inocencia disfrutábamos de estas fiestas.
Y por un momento reflexioné y me pregunte ¿en que se habían convertido estas fiestas? y la respuesta no me gustó, pues la sensación que se tiene es que son unas fiestas comerciales, que lo único que importa es comprar y comprar, sin pararnos a pensar en que lo importante no es consumir, sino quizás dar gracias al Universo, por poder disfrutar de esos momentos con las personas que están a tu lado.
Quizás este post llega con un poco de retraso, pero todavía nos faltan muchos días de los que podemos disfrutar de todas estas fiestas, y tengamos la oportunidad de recapacitar y porque no, sentirnos como niños.
Deportista


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